Al ring del despertador, lanzo el brazo y le doy el
manotazo de rigor, como todas las mañanas. La voz de mi madre suena en mi
cabeza:
—Vamos, hijo, levántate para no llegar tarde al
instituto.
¡Instituto! ¡Hoy instituto!, uffff…
Fragmento del próximo libro:
Vender no es lo importante...Lo importante es lo que haces para conseguirlo

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